EL FERROCARRIL FREGENEDA – BARCA D’ALVA (dedicado a H. P. Lovecraft)

Si estás aburrido/a/e/i/o/u de las escapadas de fin de semana en viajes organizados (acuérdate del último, que la agencia de viajes te metió en un autobús del INSERSO) y de los trenes pijos de la RENFE, Pachi Jones te propone una aventura ferrocarrilera mucho más dura y emocionante, en la que tendrás que cruzar precipicios por desvencijados puentes metálicos, sumergirte en oscuros túneles y luchar contra multitudinarias colonias de murciélagos. ¿Te atreves?, pues como decía el bueno de Ozzy Osbourne “get on the tracks of the Crazy Train”…

Un poco de historia y cómo llegar:
No pretenderás lanzarte a semejante aventura sin desentrañar antes en algún polvoriento y olvidado archivo los mapas por los que tu camino se debe guiar, las armas que necesitas o el terrible pasado de este recóndito lugar…
La línea que te sugiero recorrer parte de la estación de La Fuente de San Esteban (Salamanca) y hasta que el Imperio del Mal (léase RENFE) consiguió acabar con ella, aseguraba la relación internacional Londres-París-Irún-Salamanca-Oporto a través del valle del Duero (es decir, la ruta más corta y favorable para el tráfico ferroviario). El siguiente mapa te ayudará a situarte.

Tren de mercancías La Fregeneda-Fte. San Esteban (1968)

En realidad, a no ser que seas tan valiente como para viajar de polizón en el tren fantasma de la fotografía (un mercancías que surcaba las dehesas hacia La Fregeneda  en las noches más oscuras sin maquinista que lo condujera. Hasta los más poderosos toros bravos huían de la vía al sentir su llegada. Algún pastor que dormía al raso fue testigo de semejante horror: contaban como enloquecidos que la tierra comenzaba a temblar y un ensordecedor estruendo metálico destrozaba el aire. Entonces un engendro metálico infernal surgía de las tinieblas escupiendo fuego y humo, dejando tras de sí un vacío que arrastraba el alma de quien lo presenciara…), tendrás que montarte la excursión de otra forma.

Desde Salamanca coges la carretera que va a Vitigudino (cuidado con los hombrecillos verdes, que te acecharán sin duda). Una vez allí sigues hacia Lumbrales. En este pueblo te encontrarás por primera vez con la maldita senda de hierro. Su fantasmal estación se alza junto a la carretera podrida por el tiempo y el olvido. Investigando en los mohosos arcones que había en el sótano encontré el siguiente horario, que me invitó a viajar al pasado por un camino que ya no era.

Si todavía te atreves a seguir mis pasos debes encaminarte ahora hacia La Fregeneda, a unos 18 km siguiendo el camino hacia el antiguo Reino de Portugal. Deberás desviar tus pasos unos dos km antes de llegar al pueblo. Un camino que nace a la derecha de la carretera te llevará hasta “La Estación Internacional”, desierta desde 1985, cuando el Imperio del Mal condenó este camino al olvido.
Debes tener un fuerte espíritu para sobreponerte ante semejante visión: una Estación Internacional sin viajeros, en medio de la nada, con sus edificios difuntos y sus andenes llorando. Parece como si  las entrañas de la Tierra quisieran tragársela, ordenando a la hiedra y a los árboles que envuelvan sus paredes y la arrastren hacia los abismos subterráneos. Cuentan las gentes del lugar que por las noches puede verse el vaivén de un farol de gas, colgando de la esquelética mano de un espectral Jefe de Estación, que da la salida a trenes invisibles.
Es en este lugar donde debes abandonar tu carruaje o montura (no temas por ellos, es un lugar seguro). A partir de aquí, debes seguir a pie. Se trata de un recorrido de unos 9 km por la vía hasta el Puente Internacional sobre el río Agueda; ya sobre él puedes pasar a la estación de Barca d’Alba (Portugal).

Puente linea de La Fregeneda

El camino a recorrer no es muy largo, pero debes calzar unas botas fuertes ya que si no te será muy difícil andar sobre la vía. Tu única guía para saber dónde te encuentras consistirá desde ahora en el número del último túnel que hayas atravesado: has de saber que hay 22 hasta el Puente Internacional.
Precisamente comenzarás tu caminar sumergiéndote en las entrañas de la Tierra: el túnel número 1. Es el más largo (casi 1 km), pero por lo menos es recto, con lo cual siempre tienes el consuelo de ver la salida (aunque parezca que ese puntito blanco se aleja de ti). Como ya habrás adivinado, una linterna puede serte de gran utilidad, sobre todo para ver dónde pisas.
Justo a la salida de este primer túnel te darás cuenta de por qué te recomiendo este viaje: la vía se agarra como puede a la ladera del escarpado valle del Agueda. Unos centenarios muros de piedra la llevan como volando por el precipicio. Pero aún hay más: al poco rato cruzarás un pequeño túnel (excavado en roca viva) que te dejará sobre el primer viaducto metálico de la línea, auténtica obra de arte de la ingeniería del hierro del siglo XIX. Ahora sólo hay que imaginarse al tren internacional “Surexpreso” (Londres-Oporto) volando sobre él, mientras sus pasajeros cenan en el coche-restaurante, decorado con maderas lacadas, cortinas de terciopelo y lámparas al más puro estilo “belle-epoque”: Emilia Pardo Bazán ya describió todas estas sensaciones, en su libro “El Surexpreso”, embriagada al surcar en este fabuloso tren parajes tan salvajes.

FC de la Fregeneda – puente sobre el río Duero

Debo advertirte antes que estos viaductos (de los cuales te encontrarás unos 7 u 8 más) carecen en algunos tramos de pasarela (¡e incluso de barandillas!), pero bueno, si no miras hacia abajo y confías en las vigas que lo forman (que son bastante anchas), no tendrás problemas para atravesarlos.
Al poco rato tu valor será de nuevo puesto a prueba: te estoy hablando del túnel nº 4 (¿o es el 3?). No importa, lo reconocerás enseguida: en él la oscuridad es infinita (es decir, está en curva) y por lo tanto, atravesarlo es otra historia (¿te has imaginado alguna vez atravesar el corazón de una montaña rodeado por una oscuridad total?: oscuridad por arriba, por los lados, y sobre todo, bajo tus pies, es como estar flotando en la nada. Mientras, el frío aliento de la montaña acaricia tu piel).

Pero te recomiendo que lo pruebes en otro túnel, ya que en éste habita una colonia de unos 10.000 murciélagos (se dice que custodian el tren fantasma, que espera en este túnel hasta emprender su viaje en la noche más negra, mientras criaturas del Averno alimentan su caldera con fuego del mismísimo Infierno…), así que lo que debes hacer es simplemente, seguir por la ladera de la montaña hasta encontrar la boca de salida.
Así seguirá tu camino: puente-túnel-puente-túnel (el resto son muy cortos, y no hay problema para atravesarlos), siempre acompañado por la bella estampa del río. La línea ha sido recientemente declarada Monumento Nacional (olé); a ver si sirve de algo y la cuidan un poco.
Estás llegando al final de tu viaje. Al llegar al túnel nº 22 deberás abandonar la vía y seguir por la carretera, que aparece (por 1ª vez) a tu derecha. Este último túnel no aguantó el paso del tiempo y se vino abajo. Con su hundimiento el Imperio del Mal aseguró la permanencia de La Maldición: no habría más trenes en la línea.
Tras 5 minutos de camino carretero llegas al Puente Internacional (rodeado de impresionantes montañas y a 30 m de altura sobre la confluencia del Agueda con el Duero), custodiado por dos ruinosas casillas de la Guardia Civil, y justo en medio de él un cartelito de chapa oxidada te indica que has entrado en Portugal. Según los sucios pergaminos hallados en la estación de Lumbrales, el puente está embrujado, y patrullas de guardia civiles momificados pasean su espectral silueta en guardia nocturna noche tras noche…

Túnel FC de La Fregeneda

Al otro lado del puente se encuentra la estación fronteriza de Barca d’Alva, también perdida en el olvido, al carecer de continuidad la línea más allá de Portugal. Merece la pena que pases a verla. Está decorada con preciosas cerámicas y en el andén principal crece… ¡un naranjo!
Si todavía quieres continuar tu viaje te recomiendo que tomes el barco en el Puerto Fluvial de la Vega Terrón, justo al lado del Puente Internacional. Te llevará hasta Oporto deslizándose sobre un Duero tranquilo entre montañas cubiertas de viñedos… ¿te animas?

Pachi Jones (miembro del Exército Guerrilleriro do Carriles Oxidaus)