DE MURCIA-ZARAICHE A CARAVACA DE LA CRUZ (I) Un recorrido en bicicleta por donde pasaban los trenes

En los primeros días de la primavera de 2013 dos aficionados a los trenes y al ciclismo decidimos aventurarnos por el trazado de un viejo ferrocarril que no tuvo mucha suerte en su corta vida de existencia. En 1933 se inauguraba, con toda la pompa y ceremonia que se estilaba por aquellos tiempos, una línea ferroviaria que unía la capital murciana con la población de Caravaca de la Cruz, uno de los cinco lugares de la Cristiandad con Año Santo. Lo que en su momento se proyectó para ser un modesto ferrocarril económico de vía estrecha entre Murcia, Mula y Caravaca, finalmente se adaptó para que se uniera a la red convencional de ancho ibérico. Lo que, a priori, suponía pasar a “jugar” en la primera división ferroviaria, ya que se incorporaron los avances técnicos de la época a las instalaciones fijas y se acometieron importantes obras en la infraestructura (viaductos y túneles), finalmente fue un lastre, ya que el trazado, con reducidos radios de curva y pendientes de 20 milésimas, no facilitaron la explotación. Así pues, con la competencia de la carretera aumentando día a día, en 1971 se decidió clausurar el tramo entre Alguazas y Caravaca, quedando solamente en servicio entre aquella estación y Murcia, aunque de manera efectiva hasta la localidad de Molina de Segura y La Ribera, como un mero ramal de mercancías que sirvió a varias industrias de la zona hasta finales de los años 80.Este línea, que atraviesa una rica y poblada comarca, tuvo el privilegio de ver circular por sus vías el mejor material motor y remolcado de la época, a pesar de estar fuera de los grandes ejes ferroviarios.
Hoy en día se puede recorrer este antiguo trazado casi en su totalidad, ya que podemos subir con la bicicleta al moderno tranvía que parte en las inmediaciones de la estación de Murcia-Zaraiche, cabecera de la línea y hoy sede de la empresa de Aguas de Murcia, que nos llevará hasta el Campus de la Universidad e Murcia, en Espinardo, donde realmente comienza la denominada Vía Verde del Noroeste. En nuestro caso, dejamos el coche en el mismo aparcamiento de este Campus, a escasos 20 metros del comienzo de la explanación y, aunque ya no queda ni rastro de la vieja estación de Espinardo-Churra, nos imaginamos que estaría cerca del lugar en el que nos encontrábamos.

Dispuestas las bicicletas y sin tiempo de calentar los músculos, comenzamos a subir una rampa de 20 milésimas en un tramo de unos 3’5 km. con buen firme y que permite rodar bien, a pesar ser de subida. Este tramo es muy utilizado por vecinos de las urbanizaciones colindantes y por los estudiantes que acuden al centro universitario desde las localidades cercanas a la vía, aunque durante nuestro recorrido era periodo de vacaciones.Una señal avanzada (de lo poco, o casi nada, que queda de instalaciones fijas) nos anticipa la llegada a la estación de La Ribera, o Ribera de Molina, tal cual figura en el propio edificio de viajeros. En pleno descenso, alrededor de 2’5 km., nos encontramos con el primer túnel del recorrido (201 m.) y, enseguida, entramos en la estación. El edificio principal se encuentra deteriorado, con las puertas y ventanas tapiadas. El muelle de mercancías alberga un bar que tiene buena clientela, pero que en otra época tuvo una gran actividad propia para lo que fue creado. Todavía quedan los restos de los apoyos de unos silos de cemento que almacenaban el producto recibido en vagones tolva cuando estuvo funcionando solamente como ramal industrial.La cercanía a núcleos muy poblados anima a muchas personas a pasear con sus perros, corriendo o en bicicleta, disfrutando de una mañana de sábado primaveral. Ahora rodamos por un terreno prácticamente llano, incluso ligeramente descendente, que nos conducirá hasta la estación de Molina de Segura, no sin antes cruzar un paso a nivel con una carretera que todavía permite apreciar la vía semienterrada por el asfalto y, sobre todo, la casilla del paso, imagen inconfundible. Estos edificios estaban destinados a vivienda del personal de vías y obras y de la persona encargada de la guarda del paso a nivel, estando ubicados en las carreteras más importantes y en los pasos vigilados permanentemente.

Continuamos para llegar a la estación de Molina, que sí conserva su característica marquesina, y hoy habitada por el servicio de la Cruz Roja, con sus vehículos estacionados en el andén, donde antes esperaban los viajeros la llegada y salida de los trenes. La actividad industrial y comercial de este municipio permitió que el ferrocarril siguiera prestando servicio de mercancías hasta finales de los años 80. De ello dan fe las naves que se encuentran junto a la vía y que en su día recibían los vagones hasta sus instalaciones. Así pues, seguimos la traza para detenernos en un paso a nivel y pulsar el botón para que se nos ponga la luz verde del semáforo y podamos pasar sin peligro.Pronto nos encontraremos con el único puente metálico de la línea, el que se alza sobre el río Segura, de 50 metros de luz, totalmente restaurado y adecuado a los nuevos usos de la traza ferroviaria.  Antes de llegar a la estación de Alguazas hay un pequeño tramo, junto a unas instalaciones industriales, en muy mal estado, incluso nos podemos confundir de dirección, ya que no está bien señalizado. A pesar de ello, la intuición ferroviaria nos dice por dónde debería ir el trazado para llegar a lo que era una estación conjunta. Hoy, Alguazas-Molina, perteneciente a la línea Cartagena – Chinchilla, era donde se cruzaban esta línea y la Murcia – Caravaca. Se nota la importancia que tuvo este enclave por sus dimensiones y sus instalaciones. Sin embargo, hoy en día presenta un aspecto totalmente transformado, no solamente en el haz de vías, reducidas a tres, sino que el edificio de viajeros de MZA, reconvertido en sede de la policía local, lo han medio tapado con una desafortunada intervención: los muelles de mercancías han sido adaptados para albergue y zona de ocio, pero alterando totalmente su fisonomía, con muy mal gusto y sin ningún tipo de respeto por conservar la esencia de esos edificios. Nos consolaremos con que, al menos, no los han demolido y nos podemos imaginar cómo fue la vida ferroviaria en tiempos mejores. Lo único que medio se salva es un muelle de mercancías cubierto que queda en el lado de la línea que recorremos.

Salir de esta estación para volver otra vez a la traza nos obliga a pasar por una calle hasta llegar a unas escaleras para bajar hasta la carretera de Alguazas – Las Torres de Cotillas, ya que en este punto el ferrocarril la salvaba con un pontón de 5’5 m. de luz y que ha sido desmantelado. Pero, inmediatamente volvemos a tomar la explanación, que se ha convertido en un camino rural y  que no se parece en nada  con el firme existente entre Espinardo y las inmediaciones de Alguazas. Sin embargo, como son bicicletas de montaña, no hay ningún problema en seguir ascendiendo poco a poco, rodeados de plantaciones agrícolas, hasta llegar al apartadero de Los Rodeos. Ubicado en pleno campo, se conserva en estado deficiente el edificio de viajeros, los retretes y un muelle de mercancías. Esta estación, reconvertida en un simple apeadero, quedó solamente con la vía general, eliminando la de mercancías y la secundaria.

Seguimos ascendiendo por la explanación, entre fincas agrícolas, pero con el firme en muy mal estado, por lo que debemos tener cuidado con los agujeros y baches. A lo largo de este tramo, antes de llegar a la siguiente estación, observamos que cuelgan de los cerramientos de algunas fincas unas pancartas que dicen: “Vía negra”. No vimos a nadie para preguntar a qué se referían, pero suponemos que sería una protesta por el mal estado en que se encuentra la llamada Vía verde. Antes de llegar a Campos del Río la explanación avanza en una trinchera que se ve interrumpida por un vallado, obligándonos a subir por un lateral con el fin de vadear el obstáculo. Este punto sí que podríamos considerarlo “negro”, ya que, según nos han comentado numerosos ciclistas que habitualmente recorren la zona y la propia policía local, hay una persona del lugar que se dedica a echar chinchetas, clavillos o cualquier elemento que provoque pinchazos en las ruedas. Y, precisamente, eso fue lo que nos ocurrió al poco de detenernos en una rotonda de la carretera de Alguazas, para fotografiar un tractor de origen italiano, concretamente de la casa Badoni, que ha sido colocado en el lugar como decoración, ya que este material nunca ha circulado por esta línea. Badoni estaba especializado en la construcción de locomotoras industriales y, en este caso, estuvo prestando servicio en una cementera de Verona. No sabemos cómo ha llegado hasta aquí, aunque nos lo imaginamos.La sorpresa que nos esperaba tras la sesión fotográfica fue bastante desagradable: las ruedas de las dos bicicletas con varios pinchazos y el consiguiente contratiempo que, a la postre, nos condicionaría las previsiones de la jornada.Aunque se puede seguir por la explanación hasta Campos del Rio, decidimos acortar por la carretera para buscar una ferretería donde comprar varias cámaras de repuesto. No tuvimos problemas en hacernos con ellas en un comercio situado junto a la estación. Se encuentra dentro del casco urbano y, aunque recuperada para otros usos, la intervención no ha podido ser más desastrosa, ya que al nivelar el terreno de lo que fue la playa de vías, dejaron la planta baja medio hundida. Una muestra más del escaso respeto hacia las construcciones ferroviarias.

No es complicado volver a tomar la traza del ferrocarril, a pesar de que la señalización no es muy buena y del callejeo por el pueblo. Una vez en ella, nos encontramos con el primero de una serie de viaductos de fábrica y arcos de medio punto que facilitan el paso por las ramblas y barrancos de esta zona. Se trata de obras importantes y de singular belleza.La estación de Albudeite, hoy convertida en vivienda, conserva solamente el edificio principal y está integrada en la trama urbana. A partir de aquí nos adentramos en un territorio árido, los badlans, que contrastan con el verdor del fondo de las ramblas, señal de que hay agua a pesar de la sequedad reinante. El viaducto de 5 arcos de 18 m. de luz, que salva el barranco del Carrizal, es la obra más significativa antes de llegar al apeadero de Baños de Mula, cuyo edificio se encuentra deteriorado y sin uso, habiendo sido habilitado el antiguo recinto ferroviario como área de descanso.Poco a poco nos vamos acercando a la importante población de Mula, pero antes se encuentra la estación de Puebla de Mula, donde únicamente pervive el edificio de viajeros y, al igual que su colateral, el entorno es un área de descanso. En su momento, esta estación albergó un puesto de la Cruz Roja, pero hoy está sin habitar y sin uso definido.Pasamos un nuevo viaducto de 6 arcos de 16 m. de luz y la traza original desaparece por culpa de la carretera que se construyó para circunvalar la localidad de Mula, llevándose por delante los edificios e instalaciones de la estación. Es una pena que no haya quedado nada, porque Mula-Pliego era una de las importantes de la línea.En este punto hay que prestar especial atención a la confusa señalización, pues ya no vamos a circular por el trazado ferroviario, prácticamente desaparecido, sino que lo haremos por una suerte de caminos asfaltados, en constante sube y baja, con revueltas constantes que pueden hacernos perder la paciencia. Así pues, recomendamos tomar la carretera comarcal de Caravaca, que tiene poco tráfico desde que se puso en servicio la autovía, para alcanzar el apeadero de El Niño. El desnivel es importante, ya que Mula se encuentra a 297 m. de altitud y tenemos que subir en casi 6 km. hasta los 413 m. del apeadero de El Niño. El ferrocarril tuvo que ascender por un trazado sinuoso que, poco a poco, iba alcanzando altura con rampas de 20 milésimas y que suponía un duro esfuerzo para las locomotoras. Sin duda, de haberse rehabilitado este tramo como parte de la vía verde, al menos lo que todavía subsiste y que lamentablemente ha sido ocupado por fincas agrícolas para uso particular, se tendría la oportunidad de verificar la dureza del recorrido para la explotación ferroviaria.

Alcanzamos el apeadero de El Niño justo por el antiguo paso a nivel del km. 45,923 para descansar en la zona que se ha habilitado junto al sencillo edificio. Aquí comienza un trayecto de gran belleza por la frondosa vegetación que nos rodea y donde nos encontraremos tres túneles, todos sin iluminar, antes de llegar al apartadero de La Luz, una estación de cruce de trenes, ya que no daba servicio a ninguna población y el trayecto entre  Mula y Bullas, de 18 km.,  hacía aconsejable contar con un apartadero de estas características para facilitar la explotación ferroviaria. Especialmente dura es la rampa que nos espera a la salida de La Luz, hasta 20 milésimas, que concluirá en el punto más alto de la línea: la estación de Bullas. Así pues, encaramos la subida con ánimo, pero no podemos pasar de largo sin detenemos en un espectacular viaducto en curva de 8 arcos de 16 m. de luz que salva el barranco Azul. Otras obras que nos vamos encontrando por el recorrido son los pasos superiores para los caminos agrícolas.Al igual que sucedió en Mula, la traza original se pierde a la entrada de Bullas por culpa del progreso y, también, todo rastro de lo que fue su estación, cuyo edificio de viajeros era diferente al resto de los de la línea. Con una tercera planta abuhardillada, los pilares de ladrillo rematados en torres almenadas y la fachada revestida de piedra, parece ser que fue un homenaje de Manuel Bellido, el ingeniero de caminos autor del proyecto de la línea, al punto más elevado del trazado. Una pena que no haya subsistido. Esto nos obliga a adentrarnos en el pueblo, famoso por sus vinos, hacer una parada para reponer fuerzas y volver a cambiar una cámara, ya que el parche que anteriormente pusimos no parece haber sido efectivo. Aquí finaliza la jornada, ya que el incidente de Campos del Río nos hizo perder mucho tiempo y teníamos que volver a Espinardo en el mismo día. Así pues, pensando en terminar el recorrido en una nueva etapa, decidimos volver por nuestros pasos antes de que se hiciera de noche.

Continuará.

Antonio Aguilera y Paco Sánchez